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Belice, cuyo nombre oficial es, Belize, es una república situada en el noreste de América Central, que limita al norte con México, al este con el mar Caribe y al sur y oeste con Guatemala. Conocido como Honduras Británica hasta 1973, fue una colonia británica desde 1862 y finalmente el país se independizó del Reino Unido el 21 de septiembre de 1981, y es en la actualidad miembro de la Commonwealth. Otra confusión en cuanto al turismo en Belice, es que muchos visitantes piensan que el país cuenta solamente con atractivos al aire libre, donde se incluyen sus playas, la segunda barrera de arrecifes más grande del mundo, un verdadero paraíso para los buzos y pescadores deportivos. Sin embargo, Belice también es parte muy importante del mundo maya, una civilización precolombina de Mesoamérica que logró grandes hazañas en el arte, las matemáticas, el diseño arquitectónico, la construcción y la astronomía.
Con el fin de conocer los misterios de su civilización y al mismo tiempo poner a prueba la habilidad de los Land Rover LR3 y Range Rover Sport, famosos por su rendimiento en todo tipo de terreno, especialmente en selvas y desiertos, nos adentramos en las intrincadas junglas de la zona para una aventura inolvidable que solamente se puede comparar con las actuaciones de Land Rover en las famosas competencias Camel Trophy. Los mayas construyeron sofisticadas ciudades y templos que encierran misterios, y que han sobrevivido por varios miles de años y seducen a los visitantes de todo el mundo, entre ellas, Xunantunch, Altún Ha, Cuella, Nohmul, Lamanai, Lubaantun, Nim Li Punit, Caracol y Cerros. Cuando los españoles llegaron a México y Centroamérica, la estructura económica y política de los mayas se había terminado prácticamente, y sólo unos cuantos de ellos permanecieron en lo que hoy se conoce como Belice. Durante la época de la Conquista, este territorio no atrajo a los españoles pues su población era mínima y la poca profundidad de su aguas no permitían que sus embarcaciones navegaran libremente por ellas. Es una ironía, lo que para los españoles representaba una desventaja fue aprovechada por los piratas ingleses y escoceses, quienes consideraron a la barrera de arrecifes como una protección natural contra sus enemigos.
Entre los principales sitios arqueológicos de Belice, todos localizados dentro de una densa y exótica selva, que en ocasiones y en parte debido a la estación de lluvia se hace casi imposible penetrar, se encuentran Altun Ha, que significa en la lengua maya ”agua de la roca” que está situado a unos 50 kilómetros al norte de Ciudad Belice; otra impresionante ruina es Lamanai, “cocodrilo sumergido”, localizada al norte de Belice y que representa a uno de los mayores centros ceremoniales del país. Este asentamiento tuvo una de las ocupaciones más larga de la historia de los mayas que empezaron en el 1.500 a.C, y fueron prosperando hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI; la espectacular estructura de Xununtunich “doncella de piedra”, uno de los principales emplazamientos mayas en Belice y muy cerca de la frontera occidental, frente al rió Mopán; Caracol, un espectacular emplazamiento formado por cinco plazas, numerosas estructuras y un observatorio astronómico y Nim-Li, un Parque Arqueológico conocido principalmente por el gran número de estelas, las cuales se utilizaban para conmemorar y registrar acontecimientos de gran importancia.
Partiendo en caravana, desde el Five Sister Lodge, enclavado en la Reserva Pine Ridge y adonardo por una preciosa cascada, nos dirigimos a la carretera Camp Six Road para más tarde abandonar esta ruta y abrirnos el paso, primero por la llanura y después por los verdes bosques del interior, continuamos manejando hasta hacerle frente a la casi impenetrable, pero hermosa selva de Belice. En ambos lados, la naturaleza se despliega totalmente. Una vegetación exuberante con orquídeas y plantas que adornan el agua de los ríos, pájaros exóticos volando sobre nosotros, y cuando deteníamos la marcha para hacer un descanso, sólo se escuchaba el silencio de la jungla, mostrando todo su esplendor, con una quietud únicamente rota por el susurro de las hojas o el sonido de algún animal o ave acuática a la distancia. Finalmente, como una visión mística, aparecen las pirámides de Lamanai, protegidas por altos y densos árboles en cuyas ramas varios monos nos observaban curiosamente. En Lamanai se encuentra el Templo de las Máscaras, que se distingue por una gigantesca imagen del Dios Sol Kinich Ahau. Más tarde, llegamos a las ruinas de Altun Ha, uno de los principales emplazamientos mayas. Este es el sitio maya más grande de Belice y donde se encontraba antiguamente un centro ceremonial y otro de suma importancia comercial.
La presencia de las ruinas de un templo o palacio, sumergidos en la densidad de la selva, siempre ha atraído la imaginación de los poetas, el interés de los arqueólogos y aventureros y, sobre todo, la curiosidad de los turistas. Este es el caso del antiguo centro maya de Xunantunich, uno de los sitios arqueológicos más destacados de Belice y el cual descansa sobre una colina en el extremo oeste del río Belice en la frontera con Guatemala. Xunantunich, también se ha convertido en un símbolo nacional del pasado maya en el país. Construido y ocupado durante los periodos clásicos tardío y terminal (700 a 1100 d.C), el sitio consiste en un centro bastante compacto con importante arquitectura agrupada alrededor de varias plazas. Rodeando la parte central de la ciudad se encuentran muchos asentamientos distantes que permanecen sin investigar. Después se enfrentar una fuerte lluvia, que ocasionó grandes inundaciones, y por momentos el único punto de referencia para manejar eran los árboles y, como si fuera poco, tuvimos que atravesar un rió desbordado que, en mi opinión, solamente un Land Rover puede atravesarlo, seguimos casi ‘navegando’ para finalmente encontramos frente a frente con las ruinas Cahal Pech, una pirámide reservada para las familias reales mayas.
La
combinación de la jungla, en todo su esplendor, un río crecido y amenazador,
el encanto de la arquitectura milenaria de los mayas, batallando con los
inconvenientes del terreno y la naturaleza, al volante de un
Land Rover LR3 y
Range Rover
Sport,
es una gran aventura que será recordada por mucho tiempo.
Emilio
J. Lezcano
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